Desaparición en el territorio de la 21.24. Violencias e Identificación de un pibe pobre de la barriada.

 

La 21.24, Barracas, es un territorio donde las violencias toman formas diversas, adaptadas a sus integrantes, diferentes de cualquier otra barriada. El Registro de búsqueda de personas con padecimientos mentales e incapaces de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires informa un número de 173 personas desaparecidas, 49 mujeres y 124 varones, su gran mayoría, se ausentaron de los propios establecimientos que los tenían bajo su tutela. En algún punto entre las violencias de la 21.24 y aquellas del aparato estatal que no puede dar asistencia a estos pacientes se inscribe la desaparición de A.F.L. A.F.L sufría un trastorno psiquiátrico que no estaba tratando, había perdido su empleo y vivía junto a su madre en la Villa 21.24. Inmigrante, peruano, pobre, psiquiátrico, muchas adscripciones para que la estigmatización y la presencia intermitente del estado se hagan carne en su persona y coadyuvaran en su desaparición. La burocracia judicial terminó de realizar el trabajo con una investigación casi nula de su paradero y, en espejo, una investigación sobre la aparición de un cuerpo NN infructuosa. Sebald escribe “Nuestra dedicación a la historia, era una dedicación de imágenes prefabricadas, grabadas ya en el interior de nuestras mentes, a la que no hacemos más que mirar cuando la verdad está en otra parte, en algún lugar apartado todavía no descubierto por nadie” (2002:75), de eso se trata esta reconstrucción.
El lado A.  ¿Quién desaparece? El 9 de abril de 2011 A.F.L. es visto por última vez en inmediaciones de su casa en la Villa 21.24. Un brote que sufre, una ambulancia que no llega a tiempo, vecinos impotentes que no pueden detenerlo, precipitan su partida. La denuncia es realizada por su madre y su tía, ambas empleadas domésticas, en la Comisaría 32 situada en Parque Patricios. La causa recae en el Juzgado Criminal de Instrucción Nro. 29, Secretaría 152, con intervención de la Fiscalía de Nueva Pompeya y Parque Patricios. Pocos días después de este episodio, un amigo de la familia, trabajador de un emisora radial, llama a la madre para comentarle que una oyente de la radio se comunicó para dar aviso acerca de un hombre que se encontraba deambulando por Pasaje San Telmo de La Matanza. Este hombre aparece tendido en el suelo, nuevamente los vecinos intentan ayudarlo, se comunican con la policía pero al llegar el móvil el hombre manifiesta que se encuentra en condiciones para continuar sin ayuda. Se retira del lugar y no se lo vuelve a ver. La madre y la tía de A.F.L. comentan que creen que su caso es uno de los tantos de violencia institucional ya que la última vez que ven con vida a A.F.L. este estaba discutiendo con la policía. Así comienzan un derrotero que durara años con una casi nula respuesta estatal.
El lado B.  ¿Quién aparece?. El 18 de Abril del 2011, aproximadamente a las 13 horas, cerca del Puente Uriburu, altura Avenida 27 de Febrero con intersección de AV. Delezcano, se encontró en las aguas del Riachuelo un cuerpo sin vida sujeto por la barrera de contención de residuos, del lado de Capital Federal. El caso cae en el Juzgado Criminal de Instrucción n° 22; la fiscalía Nacional en lo Criminal de Instrucción n°38 es la encargada de llevar adelante la investigación. Se toman una serie de medidas que permitirían identificar el cuerpo: toma de impresiones dactilares para poder realizar un confronte dactiloscópico, peritaje de la ropa con la que fue encontrado el cuerpo y autopsia del cuerpo en la Morgue Judicial en Capital Federal mediante la cual se determina que la causa de muerte es asfixia por inmersión. También se solicita la recepción de denuncias, solicitud de paradero, etc., de personas de sexo masculino con las características del N.N encontrado. En principio, se solicitan las denuncias a la División de Búsqueda de Personas Desaparecidas de la Policía Federal Argentina, para luego ser derivados por  ellos -ya que solo tratan con la búsqueda de personas identificadas- al centro de orientación de las personas de la Policía Federal Argentina, donde manifiestan que en el sistema de datos no había denuncia o solicitud de paradero con las características del NN hallado. Por último, se solicitó información a la Dirección de Registro de Personas Desaparecidas de la Policía Bonaerense, que al igual que las otras dependencias, arrojaron resultados negativos. En menos de un mes la causa es archivada y la fiscalía interviniente solicita autorización para la inscripción del fallecimiento y la inhumación por vía administrativa en el cementerio de la Chacarita lo cual se concreta en julio de 2011.
A + B: identificación. A principios del año 2013, la Procuraduría de trata y explotación (PROTEX) y ACCT ponen en marcha un proyecto cuyo objetivo es la búsqueda e identificación de víctimas de trata y delitos conexos. La premisa inicial con la que se trabajó era que si se deseaba identificar a las personas buscadas cuya desaparición estuviera relacionada a un hecho de trata, a pesar de las dificultades, debía comenzarse por el conjunto de todas las personas denunciadas como desaparecidas. Para poder llevar adelante las identificaciones se solicitaron denuncias de desaparición, extravío, ausencia de menores y mayores por diversas razones desde 1990 a la actualidad a las Secretarías de DDHH del país y a las Policías Provinciales. Estas solicitudes fueron enviadas inicialmente en diciembre de 2013. En marzo de 2015, la PROTEX junto a ACCT, trabajan en las dependencias del RENAPER con el fin de  relevar las actas de defunción y las huellas dactiloscópicas de personas NN de todo el país. Este relevamiento permitió cruzar la información de los NN con las de aquellas personas que han sido denunciadas como desaparecidas. De esta forma en el año 2015, los registros relevados fueron enviados al Ministerio de Seguridad de la Nación, Dirección Nacional de Enlace y Cooperación con los Ministerios Públicos, para realizar los cotejos identificatorios. De esta manera, se establece la identidad del NN hallado en 2011. Se trataba de A.F.L. Con la identificación se pudo establecer un nexo causal entre ambas causas judiciales. El desaparecido el 9 de abril del 2011 es la misma persona que aparece sin vida en aguas del Riachuelo solo nueve días después. La madre y la tía de A.F.L. son notificadas de su identificación en septiembre de 2015. Las dudas sobre la misma no tardan en llegar por lo que se solicita la exhumación y la identificación genética del cuerpo identificado como A.F.L. El Juzgado n° 29, Secretaría 152, no hace a lugar a la exhumación y al análisis genético por considerar prueba suficiente de la identidad el análisis dactiloscópico. La Fiscalía de Nueva Pompeya y Parque Patricios apela el fallo el cual finalmente es revertido. La exhumación es realizada por ACCT y el Servicio de Antropología Forense de la Morgue Judicial de CABA en Marzo del 2016. Nos apersonamos al Cementerio de la Chacarita bien temprano por la mañana. Cuando todos los imprevistos fueron resueltos nos encaminamos hacia la sección indicada. Una vez que determinamos la tumba correspondiente comenzamos a la exhumación. Delimitamos el lugar (una especie de cuadrícula hecha con hilo que rodea la tumba), sacamos nuestras herramientas y, con ayuda previa de  trabajadores del cementerio  se removieron las primeras capas de tierra. Comenzamos a cavar. Utilizamos cucharines, estecas y diversas herramientas propias de la arqueología. La familia de A.F.L. miraba atenta. Mientras sacábamos la tierra escuchábamos llantos silenciosos que nos recordaban lo difícil del momento. Luego de aproximadamente 25 minutos logramos hallar lo que presuntamente era el cuerpo. Se encontraba dentro de una “body bag”, por este motivo decidimos quitar el cuerpo de la fosa en bloque sobre una camilla e introducirlo dentro del vehículo de la Policía Federal que asistió en la tarea. Finalizada nuestra tarea, nos acercarnos hacia la familia a contarles el por qué y el para qué de lo que acababan de observar. Escuchaban atentos. Finalizado nuestro relato oímos de parte de ellas (eran todas mujeres) un dolorido pero intenso: “…GRACIAS, sin la ayuda de ustedes jamás podríamos haber encontrado a A.F.L.…” Con un nudo fuerte en la garganta agradecimos sus palabras y nos dirigimos hacia la salida. Mientras caminábamos hacia la puerta del cementerio nos preguntábamos cuantos más A.F.L. existirán. A partir de un posterior análisis antropológico forense de los restos esqueléticos, se obtuvieron resultados que permitieron determinar las características físicas de los restos exhumados: se trataba de un individuo masculino de entre 28 y 38 años con una estatura de alrededor 171 o 175 cm. El laboratorio de genética de la Morgue Judicial tomó muestras para los cotejos identificatorios. En un primer análisis genético las muestras se encontraron contaminadas por lo que no se arribó a un resultado concluyente lo que llevó a un nuevo muestreo.
Acción y Omisión. Violencias y Territorio. Esta última imagen de A.F.L. que lo posiciona discutiendo con un agente policial aun no puedo ser corroborada pero real o no, es indudable que la violencia institucional fue una constante en su vida. El estado emana violencias desde sus diferentes dispositivos: el neuropsquiatrico, la asistencia social que no se hace presente, la policía que llega tarde o aun peor perpetra la desaparición, las fiscalías que no investigan debidamente y los jueces que rechazan medidas de gran importancia para las familias. Este consorcio de dispositivos estatales se conjugan para la desaparición de los pobres, inmigrantes, psiquiátricos, desempleados, villeros. Muchas adscripciones para una misma identidad que se solapan en una sola experiencia vital, en un solo cuerpo y estallan en la desaparición. La 21.24 se erige aquí como el territorio donde la ausencia se hace espacio y tiempo, donde las violencias despliegan sus fuerzas como imágenes y mensajes agentes sobre la comunidad que generan brechas y rupturas de lazos sociales. La muerte, posible desenlace de estas ausencias, sobrevuela aquellos territorios en donde las desapariciones son un común todos los días. “Cuando un hombre muere la sociedad no solo pierde una unidad, sino que resulta alcanzada en su propio principio de vida, en su fe en ella misma” (1990:90) menciona Hertz. Aquellos lazos sociales que se rompen, como consecuencia de la pérdida de alguien, evidencian lo que la sociedad siente pero le es difícil expresar; un dolor tan profundo que calla voces pero que también despierta gritos ensordecedores de justicia y,  sobretodo, de verdad.
**Texto escrito por Silvia Carlini, Víctor Pagano, Nadia Rabuffetti y Belén Sandoval.

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