Herramientas para docentes: ¿Por qué existe la trata de personas?

Hacia el final de las charlas que damos en las escuelas sobre la trata de personas, les pedimos a los chicos que piensen preguntas sobre lo que se habló. Estas preguntas las escriben de manera anónima en papeles que recogemos y vamos leyendo a la vez que contestamos. A su vez, nos permiten reinterpretar nuestras charlas y capacitaciones sobre la base de los temas que van surgiendo. Las próximas entradas tendrán por objeto reproducir y extender algunas de esas respuestas, que versarán sobre drogas, violencia, abuso y aspectos propios del delito de trata de personas.

¿Por qué existe la trata de personas?

Esta es una pregunta a la vez tan sencilla como difícil de responder. En principio nos concentraremos en los casos de trata con fines de explotación laboral y sexual.

Por un lado tenemos un causal claro: el dinero. La principal motivación detrás de la trata de personas es el provecho económico que extraen de este delito los tratantes, y que, de acuerdo a los montos que surgen de las diferentes causas que hemos recopilado, en ningún caso es exiguo. En este sentido, este fenómeno es en algún punto comparable a otras formas de explotación laboral, a la que se suman condiciones que aumentan la indefensión de las víctimas, como el traslado a parajes muy retirados (prostíbulos de ruta, chacras alejadas de los poblados), retención de la documentación personal, amenazas, etcétera. La extendida idea de que si este provecho económico no existiese la trata de personas tampoco existiría, es una idea que, sin poder haber sido verificada al momento, todo indica que es consistente.

Bajo estas causas residen otras más complejas: la falta de recursos económicos o alternativas válidas de empleo que permiten que las víctimas caigan en los engaños o cedan ante la coerción de sus captores, es una causa compartida tanto en la trata con fines de explotación laboral como sexual. Como vemos, en esta causa residen también aspectos económicos.

A su vez, en la trata con fines de explotación sexual existen otros tipos de causas, relacionadas con la fuerte desigualdad de género presente todavía en nuestra sociedad. De esta manera, por ejemplo, lo que pasa al principio como una relación sentimental termina convirtiéndose en una relación opresiva, donde la mujer puede acabar en un estado de indefensión tal que permite su propia explotación sexual, ya sea por miedo de su propia integridad como la de sus seres queridos.

Esta desigualdad también es la que termina obrando para que el consumo de prostitución en claras condiciones de explotación se vea tan naturalizada como otras formas de consumo de trabajo sexual en condiciones que no impliquen dicha explotación (al menos, de acuerdo algunas opiniones, no como explotación directa). En este mismo sentido puede pensarse en la influencia que ejerce este contexto de desigualdad coadyuva en la cosificación del cuerpo de la mujer como si fuese otro bien de consumo.

Finalmente, y por debajo estas (y otras) causas, algunas imposibles de analizar en este espacio, relativas a la psiquis de los explotadores, que anteponen su afán de lucro al bienestar de las personas, y sus “clientes”, que anteponen su placer personal a la conciencia del daño que generan en las víctimas.

Las chicas y los chicos nos preguntan sobre la trata. Herramientas para docentes.

Hacia el final de las charlas que damos en las escuelas sobre la trata de personas, les pedimos a las/os chicas/os que piensen preguntas sobre lo que se habló. Estas preguntas las escriben de manera anónima en papeles que recogemos y vamos leyendo a la vez que contestamos. A su vez, nos permiten reinterpretar nuestras charlas y capacitaciones sobre la base de los temas que van surgiendo. Las próximas entradas tendrán por objeto reproducir y extender algunas de esas respuestas, que versarán sobre drogas, violencia, abuso y aspectos propios del delito de trata de personas.

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¿Para qué es la droga?

Dada la modalidad elegida de preguntas anónimas, no pudimos averiguar si es una pregunta referida a una situación particular de consumo o adicción a las drogas, o bien referida específicamente a nuestra problemática de la trata de personas. Por supuesto que de ser la primera, la respuesta nos excedería ampliamente, por lo que intentaremos dar una breve respuesta a la segunda.

En el delito de trata de personas encontramos dos usos que podemos subdividir a su vez en dos modalidades:

Como modo de control de las personas en situación de trata:

Por sus efectos:
En varias de las causas que ACCT recopiló encontramos que el consumo forzado de drogas (y es necesario incluir aquí al alcohol) es utilizado por los tratantes para mantener a las víctimas o bien activas o bien sedadas, de acuerdo al perfil de las mismas. A su vez, al ir este consumo creando adicción (lo cual no es difícil dada la situación de indefensión) la víctima puede ser disuadida más fácilmente de no escapar a fin de poder continuando con dicho consumo.

Como amenaza:
Muchas veces la misma situación de explotación que permite el funcionamiento de lo que nosotros llamamos “centros de explotación sexual” donde existan casos de trata de personas también permite utilizar la misma infraestructura delictiva para otros tipos de crímenes, como la venta de narcóticos.
Dicha venta muchas veces se concreta a través de las mismas víctimas, que a partir de ese momento son amenazas por parte de los tratantes con ser denunciadas como cómplices en caso de que las mismas escapen o denuncien el funcionamiento del lugar donde son explotadas. Es necesario remarcar que dado el artículo 5° de la ley N° 26.364, artículo que no fue modificado por la ley N° 26.842, estos crímenes (u otros, dado que el artículo no lo especifica) no son punibles, así como las infracciones migratorias en las que hubiese incurrido.

Como diversificación del “negocio”

Venta de drogas:
Decíamos más arriba que la misma infraestructura delictiva que permite el funcionamiento de un prostíbulo puede tener otros fines. Por ejemplo, muchas veces este tipo de lugares funcionan gracias a la connivencia de las fuerzas de seguridad, la cual también permite que estos otros negocios (tan lucrativos como la trata de personas) se realicen a la par, “diversificando” las fuentes de ganancias
para los explotadores.

Diversificación del negocio de los cárteles:
A la inversa, existen algunas evidencias que constatan cárteles dedicados tradicionalmente al tráfico de drogas han empezado a sumar en los últimos tiempos diferentes modalidades de lo que debería catalogarse como trata de personas, dada justamente la situación descripta más arriba. Por último, como ocurre muchas veces en casos de explotación laboral agrícola, las personas obligadas a trabajar en las plantaciones de materia prima de estupefacientes, son también víctimas de trata de personas o son reducidas a condiciones de trabajo esclavistas.

Pensar la libertad. Pensar la trata de personas.

¿Qué es la libertad?

“Libertad” es un término notoriamente polisémico. Si nos referimos a sus posibles acepciones puede representar, entre otras, autodeterminación, posibilidad de elección, acto voluntario, espontaneidad, indeterminación o ausencia de interferencia. Si en cambio nos referimos a los campos en que puede ser aplicado, nos encontramos con libertad en sentido metafísico, como libre albedrío en oposición a determinismo, y también hablamos comúnmente de libertad política, de pensamiento, de prensa, religiosa, económica o sexual;  campos, a su vez, en los que pueden utilizarse algunas de las diferentes acepciones del término. Por tanto, a la complejidad de tener que definir qué sentidos del término son relevantes en nuestra tarea, tenemos que sumarle la complejidad de definir específicamente qué entendemos por cada uno de esos sentidos. Tomarnos este trabajo no es solo hacer más complejo nuestro diccionario. Como veremos más adelante, especialmente cuando abordemos las problemáticas de prostitución/trabajo sexual, definir con precisión qué es lo que entendemos por libertad puede determinar nuestros cursos de acción.

En primer lugar debemos considerar que alguien puede ser libre en uno de los sentidos del término y no serlo en muchos de los otros. Por ejemplo, compartimos en forma general la idea de que contamos con cierta libertad en el sentido metafísico del “libre albedrío”, es decir, que no estamos predeterminados a actuar de cierta forma, y que esto es justamente lo que nos hace moralmente responsables de nuestras acciones. Esa libertad es la que nos permite autodeterminar la acción propia frente a una serie de opciones.

Sin embargo, este sentido del concepto “libertad” nada nos puede decir respecto de cuestiones pragmáticas, en tanto que, de acuerdo a esta definición, una persona que tiene que elegir entre pocas opciones y de una misma clase, es exactamente tan libre como otra que pueda escoger entre muchas, o de distinto tipo. Por dar un ejemplo de esta inadecuación, sería tan libre quien tiene que elegir entre cuál de dos canales de televisión mirar, como el que puede elegir entre mirar televisión, utilizar su computadora o  pasear en bicicleta. Desde este ejemplo es fácil ver que cuando nos referimos a “libertad”, nos referimos principalmente a elecciones significativas que pueda hacer un individuo respecto de sus metas y proyectos personales, y no simplemente a una serie de condiciones en los que la decisión del individuo en cuestión no puede modificar de manera substancial su estado o situación.

Adelantándonos a la problemática que será tratada en el capítulo cuarto, dentro de esta temática específica de la trata, veremos que en algunos casos hasta ese sentido básico de libertad se encuentra, al menos, deprimido. Desde ese punto de vista es que la actual legislación argentina no considera crímenes imputables a la víctima de trata aquellas acciones ilegales que puedan haberse cometido como consecuencia de la situación en que se encontraban. Esto, en los términos que venimos hablando, significa ni más ni menos que esa persona o bien no tuvo control de sus actos, o bien no puede ser considerada responsable por los mismos. Fuera de esos casos extremos, que sin embargo existen y contra los que ACCT sostiene su lucha, usualmente consideramos presupuesto este sentido de libertad por lo que esta acepción se vuelve fútil, y precisamos recurrir a otros sentidos del término. Estos otros sentidos pueden llegar a aclararse en gran parte si consideramos algunas ideas que se han ido desarrollando en el siglo XX respecto de la “libertad”, y que han condensado en pocas ideas muchos desarrollos históricos que ha tenido el concepto.

Gran parte de los debates sobre el sentido político del término “libertad” han estado fuertemente influenciados por el filósofo Isaiah Berlin (2001), quien condensó muchos de las acepciones relevantes del término bajo dos grandes conceptos, a los que denominó libertad negativa y libertad positiva, y con lo que sentó gran parte de las bases de las discusiones posteriores respecto del tema, tanto en el ámbito filosófico como en el jurídico y en el  político.

El primero de estos sentidos, el de libertad negativa, refiere al ámbito mínimo en el cual una persona debería poder actuar sin interferencia de otras personas o del Estado; pero para lograr esto es preciso definir qué significa que una persona interfiera en esa libertad. Para Berlin, no tiene sentido decir que uno está coaccionado si no es libre de saltar diez metros o si no puede leer porque está ciego; sino que sólo se carece de libertad política cuando uno es privado de forma deliberada por otros seres humanos de conseguir un fin propio. En cambio, la mera incapacidad de conseguir un fin, no determina una falta de libertad política, y aunque reconoce que se puede interpretar la libertad de manera tal que si consideramos que una persona no es libre, en este sentido estricto, de adquirir un bien porque el sistema económico lo ha colocado en una situación de pobreza, debemos para esto aceptar toda una serie de teorías económicas que para demostrar el papel de las demás personas en la coacción.

En la Modernidad, el intento de la concreción política de este sentido de libertad ha derivado en el liberalismo y en el libertarismo, convirtiéndose en una concepción común a estas escuelas, a pesar de que varíen fuertemente las consideraciones respecto de cuán amplio debe ser ese ámbito de acción sin interferencias. Es necesario señalar que esta libertad nunca puede ser total, porque de esa manera la interferencia entre las libertades de unos y de otros también serían totales, y la libertad de los débiles terminaría siendo perimida por la libertad de los poderosos. Por otro lado, existen otros valores que también deben ser tenidos en cuenta, como la justicia, la felicidad o la cultura, incluso cuando la promoción de estos pueda interferir en algún punto con las libertades personales. Pero fuera de esas consideraciones, los pensamientos liberal y libertario suelen acordar en que cada persona debe contar con ese ámbito mínimo en el que no puede haber interferencia de ningún tipo.

A esta forma de libertad negativa, se opone la libertad positiva. Este sentido positivo de la de la palabra “libertad” se deriva del deseo de los sujetos de ser  autónomos,la propia fuente de determinación en sus acciones; es decir, concebir fines y medios propios, y realizarlos. Si bien esta libertad positiva, que consiste en ser dueño de uno mismo y la contraria, la de la libertad negativa, que consiste en que los demás no me impidan llevar a cabo mis propias decisiones, parecen no ser más que complementos de la misma idea, ambas acepciones se han desarrollado bajo direcciones diferentes del pensamiento filosófico y político, hasta entrar en conflicto una con otra.

En principio, es necesario considerar respecto de qué somos libres, o en qué sentido somos nuestros propios dueños. El primero de los sentidos en el que pensamos es que no somos esclavos de los otros hombres. Pero también podría ser que nos considerásemos esclavos de nuestra naturaleza, o de nuestras “pasiones”, y que es de esto de lo que debemos liberarnos. En ese segundo sentido, el yo “dominador” es el que se identifica con lo racional que hay en nosotros, y que finalmente es el que se identifica con el “yo verdadero”, “autónomo”, frente a un “yo empírico”, más cercano, si se quiera, a un “yo natural” o “yo bruto”. Este “yo verdadero”, a fuerza de contraponerse, puede ir alejándose cada vez del “yo empírico”, de forma tal de convertirse en un yo-verdadero-social, representado por cualquier grupo humano que brinde un marco cosmológico o ideológico a las personas. De esta manera se termina coartando a las personas su libertad bajo la consideración de que si ellos fuesen lo suficientemente inteligentes o sabios como los pretende el yo-verdadero-social, aceptarían racionalmente esas limitaciones de la libertad. Así como el peligro en la libertad negativa consistía en establecer un marco demasiado amplio, donde la libertad de los poderosos termine coartando la de los demás, aquí el peligro consiste en que estos grupos puedan coartar la libertad de sus miembros en nombre del propio bienestar de estos miembros. Cuando esta posibilidad se concreta, es cuando el grupo dominante puede ignorar los deseos o intereses verdaderos, y llegar a oprimir, torturar o esclavizar en nombre de los yos-verdaderos, con la conciencia de que, sin importar cuál se considere que es el fin verdadero del hombre, ese mismo fin tiene que identificarse con la libertad, con la voluntad autónoma del “yo verdadero”, incluso cuando ese “yo verdadero” esté oculto para la misma persona.

Si bien así descripta, la paradoja se hace evidente, es muy común verla en funcionamiento, pues es fácil de enmascarar de la siguiente manera: como bien señala el autor, una cosa es decir que yo sé lo que es bueno para alguien, mientras que esa persona misma no lo sabe, e incluso elegir por ella en virtud de su propio bien, y otra cosa muy diferente es decir que esa persona ha elegido eso en virtud de ese yo-verdadero, que no puede identificarse con esa persona, o al menos no todavía al momento de la elección.

Esta idea de un “yo dividido” entre el yo racional y verdadero por un lado, y un yo compuesto de un manojo de deseos o anhelos, frecuentemente contradictorios, que deben ser dominados y humillados,  por el otro, han tenido una importancia indiscutible en la historia de la teoría política, y nos muestra que esta necesidad de definir qué creemos que es una persona no es meramente sofisticación academicista, sino que está en el núcleo mismo de lo que consideramos libertad.

Otra manera de entender esta diferencia puede estar en considerar que la libertad negativa es la cualificación de una acción, en tanto nada impide que lleve a cabo un obrar determinado; mientras que la positiva es la de la voluntad, en tanto que lo que se ve libre en este caso es un querer, y se ve libre de otras voluntades que puedan llegar a imponérsele.

 

 

Documento Final: Tejiendo redes.

En Jujuy a los 21 veintiún días de noviembre de 2014 las organizaciones que integramos la RATT-Argentina aprobamos el siguiente documento de conclusiones al finalizar el 6°Congreso RATT de Organizaciones que luchan contra la Trata de Personas. “Tejiendo Redes contra la Trata”. Con motivo de conmemorar el 25 de Noviembre Día Internacional de lucha para erradicar la Violencia contra las Mujeres, hacemos público el presente documento.
Las agrupaciones integrantes de la RATT-Argentina y organizadoras del 6° Congreso Internacional de Organizaciones que luchan contra la Trata de Personas. “Tejiendo redes contra la Trata” concluyen:
1) Seguir apoyando la lucha de los familiares de las víctimas de trata. En especial a los familiares de Romina Aramayo, asesinada y explotada por las redes de trata
y explotación sexual que operan en Jujuy.-
2) Que se reglamente la Ley 26842.-
3) Es necesario fortalecer el trabajo de las organizaciones en la articulación con organismos del Estado y en la Sensibilización, así como continuar visibilizando los casos y los riesgos de la trata y la explotación sexual.
4) Abogar para que en los presupuestos de las provincias se establezcan claramente las partidas destinadas tanto a la Prevención del delito como a la Asistencia de las Víctimas.
5) Exigimos a los gobiernos Provinciales un Plan Provincial Integral de prevención y asistencia a las víctimas desde una perspectiva de género y Derechos Humanos, y en el que estén involucrados todos los agentes del Estado. Que el mismo tenga alcance en todo la provincia.
6) Que el Estado Nacional y los Estados Provinciales reconozcan y valoren el trabajo que las organizaciones realizan en los territorios para visibilizar, y apoyar en los casos necesarios sobre esta problemática.
7) Solicitamos que los Puntos Focales de todas las provincias informen sobre las acciones que realizan.
8) Que los municipios se comprometan y deroguen ordenanzas que habilitan cabarets, whiskerías y cualquier otro lugar donde haya o pueda existir explotación sexual.
9) Instar que los municipios del país se involucren en la asistencia a las víctimas de trata en un trabajo articulado con ONGs; provincias y Nación.
10) Revisar y reflexionar sobre la necesidad de encontrar acciones superadoras a las leyes provinciales del tipo “prostíbulos cero”, con el fin de evitar la criminalización y persecución de personas en situación de prostitución. La ley Palacios está vigente. Sólo hay que derogar las ordenanzas que la contradicen.
11) Exigir y reflexionar sobre políticas de asistencia y rescate que eviten la exposición y re victimización de las personas damnificadas, así como instrumentar medidas concretas para crear oportunidades laborales que deriven en la garantía de no repetición.
12) Exigimos que se instrumenten medidas y que aborden de manera focalizada la responsabilidad de la DEMANDA (prostituyentes, mal llamados clientes).
13) Solicitamos que la Justicia no agote la investigación del delito en la Justicia Federal sino, que la justicia provincial realice investigaciones pro activas de supuestos delitos de Explotación Sexual y Laboral.
14)Que se instrumenten las medidas para investigar activamente las cadenas de complicidades en los delitos de trata.
15) Que se amplíe la creación de equipos interdisciplinarios especializados dentro de las fuerzas de seguridad.
16) Es necesaria la creación de una Base de Datos Nacional de Personas Buscadas, menores y adultas unificando información de agencias del estado y fuerzas de seguridad.
17)Crear una base nacional de NN Inhumados en cementerios y o preservados en morgues de todo el país (al menos de los últimos 20 años) con el fin de tener la posibilidad de identificar a posibles víctimas desaparecidas en las redes de trata.